Al llegar las 11 del mediodía puedo sentir los perros ladrando por doquier. Los motores de las motocicletas retumban en mis débiles tímpanos. El humo de los carros bloquea mis ojos y de vez en cuando se tornan borrosos. El olor agradable de las 6 de la mañana se aleja sutilmente y el nuevo no es de mi absoluto deleite; un olor superficial, un olor humano, un olor falso.
Pasan las horas y veo el cielo despejado, miro el reloj y son las 6:30 de la tarde. Perfecta hora para admirar la belleza del cielo y sus colores. Debía salir corriendo deprisa para llegar al lugar mas indicado donde podría detallar a fondo todas las diferentes facetas, tonos y formas del cielo y las nubes. Al llegar eran las 6:45 y el sol anaranjado ya estaba escondiéndose detrás de la montaña verde que yacía a lo lejos pero ¡cuan grata sorpresa! al otro lado estaba saliendo la luna azul a la que los lobos le aúllan. La brisa me penetraba por los poros y los mosquitos me empezaron a fastidiar, se hicieron las 8 y los ojos me pesaban, estaba agotada. Me fui hasta mi casa y me acosté a dormir, mi sueño fue delicioso y no podía esperar para la mañana siguiente vivir y disfrutar de un nuevo día.


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